¿Nadie actúa?

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¿Se acuerdan de aquel poema de Miguel Hernández tan canturreado en la transición que hablaba de andaluces de Jaén, de aceituneros altivos y de quién levanta los olivos? Pues seguimos igual: gente enriquecida a costa del sudor ajeno y gente noble cantando a la historia: que si pobres, que si terratenientes, que si siglos de aceitunas, que si pregúntale a mi alma, que si más de lo mismo… Andalucía parece una tierra de regímenes inamovibles, de historia quieta, de leyes infames y perennes. Desde los tiempos de los romanos todo está pensado para el que rico tenga más y el pobre tenga menos. Y nuestro campo es un ejemplo.

He visto a padres de familia salir a trabajar con el alba y regresar con las manos despellejadas, la espalda rota y veinte euros en el bolsillo. Y a madres. Y a abuelas. Y a niños. Y a veces ni siquiera veinte euros, sino la peonada. Por supuesto la gasolina y la comida corren de su cuenta. Cabría suponer que como está la vida, hay personas que trabajan solo por la comida, porque dos bocatas decentes, una litrona y un postre, si no cuestan diez euros, rondando anda. Súmenle el transporte y hagan cuentas.

 

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Y si tenemos convenios, y leyes, y sindicatos, y políticos elocuentes, y modernidad, y Andalucía imparable, ¿por qué coño seguimos en los tiempos de los romanos? ¿Es que nadie pone freno a esto? ¿Aquí nadie cumple las leyes ni las hace cumplir? ¿Nadie protesta? ¿Nadie grita? ¿A todo el mundo le parece normal? ¿Dónde está el aceitunero altivo? ¿Viendo el baloncesto? ¿Y los sindicatos “oficiales” y sus principios y su historia y sus estatutos y las subvenciones que reciben? Desde que yo tengo luces estoy viendo esto, ¿nadie ha podido arreglarlo desde entonces? ¿Nadie ha querido?

 

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No estoy llamando a la sublevación, ojo, que conozco a algunos, estoy llamando a la reflexión. Las leyes y los convenios están para cumplirlos, porque si se incumplen y la justicia lo permite, entonces se rompe la paz social, y eso nadie lo quiere. Somos tan irresponsables, tan inmaduros, tan sinvergüenzas, que necesitamos leyes que nos obliguen a comportarnos civilizadamente. Si alguien incumple ese contrato, la ley, en nombre de la sociedad entera, cae sobre él. Pero si no pasa nada, nada de nada, mal asunto. Malos amos, peores vasallos, más hambre, más abusos, más hambre, más abusos y así como un globo que se hincha hasta que un día explota.

 

Texto de José A. Illanes / Fotografías de www.besana.com

 

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