Nieves Rosales, Premio Lorca por «Retablo Incompleto de la Pureza»

Memorias del Destierro | Raúl Cortés

Nieves Rosales Premio Teatro Lorca 2016

 

Hace un año hui de España. Justo hace un año, hui. Y uno tarda poco en descubrir que la huida no es una circunstancia, es un estado. Al contrario de lo que parece, de una huida dicen menos los mapas que el miedo. El que huye quisiera encontrar en la mudanza de los paisajes la salvación o el alivio, pero no son tan volubles los regímenes de la memoria… No se puede huir de aquella tarde del 30 de enero o de aquel viaje a Suiza. Imposible dejar atrás el mundo que arrastran ciertas palabras: libros, teatro, flamenco, castillos o sueños. Y de las huidas imposibles, la más estéril de todas es la que pretende escapar de un fracaso, de una sombra o de las ruinas de un abrazo.

El que huye convoca a todos sus fantasmas una vez al día, por lo menos. Y sin decir nada se sienta a la mesa con ellos. Nadie sabrá de las mudas confesiones que allí se barajan, lo que la vergüenza tapa, el llanto mal disimulado. Pero cuando todos se levanten, solo quedarán las migajas y el recuerdo, suspiros enredados con aromas, fotos sobre el mantel y algunos nombres.

 

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Uno de esos nombres es el de Nieves Rosales –que de tan lejos, duele. Coreógrafa y directora de SilencioDanza, Nieves Rosales acaba de ser reconocida como mejor intérprete femenina de danza contemporánea, en los IV Premios Lorca de Teatro Andaluz, por su pieza Retablo Incompleto de la Pureza, basada en un texto de quien escribe, el mismo que huye desde hace un año. Y sucede, además, que Retablo fue estrenada en El Castillo de las Artes —a veces, se encuentran dos nostalgias y la vida quiere retroceder allí donde aún no era destino.

 

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Con el laurel aún fresco adornándole la sien, ahora la bailaora descose las palabras del gran Pablo Bujalance y sueña un nuevo estremecimiento. Si yo no tuviese que cumplir con mi deber de fugitivo –seguir huyendo- no faltaría a ese estreno. Será en noviembre, mi apolíneo amigo; usted –que no huye- corra a verlo, se lo recomiendo, porque en estos tiempos de jaleo y gato por liebre, Nieves serena el baile y se pone estoico el flamenco. No mercadea con aspavientos ni admite regateos. El comercio es otra cosa, poco sabe de esos bullicios quien hace de la danza pálpito y silencio… Y si cruje el zapato, si para el aire, si amaga la pirueta, si mira —sobre todo, si mira— ella baila, y, entonces, encuentra su sitio la materia y el pensamiento, el origen y las cualidades de las cosas: con sólo su cuerpo sugiere un mundo que es infinitamente mejor que este.

Tal vez por eso, en este ahora sin brillo ni pudor, al escribir estas líneas, grita su nombre la yema de mis dedos… Paro… Una bandada de grullas de papel enrarece el cielo de mi destierro. Las sigo y emprendo la huida, puente de plata. Huyo de nuevo… ¿Me esperas?… Cuando baila, Nieves Rosales es el tiempo que se escapa.

 

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