No, nada de casualidad

Peccata mundi. José Antonio Illanes

Fotografía de Juan Luis Mármol

 

Si la casualidad fuera solo una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar, la foto que acompaña a este texto sería exclusivamente producto del azar, de un encadenamiento de sucesos fortuitos y favorables, de providenciales combinaciones de perspectivas, luces y enfoques. Si la casualidad fuera solo que dicen que es.

La foto la publicó ABC con motivo del regreso a los escenarios del grupo Almazara Teatro. Fue la primera aparición en público tras la muerte cinco años antes de Isidoro Albarreal, director y alma del grupo. En segundo plano, tras algunos miembros de Almazara Teatro, el cartel anunciador de aquella obra: La soledad del guardaespaldas. Justo a su espalda, paradójicamente.

Sobre el hombro derecho del último fichaje de Almazara Teatro, Dani Parreño —primero por la izquierda—, aparece una mano. Una mano conciliadora, paternal, avaladora, una mano amiga. Y ahí es donde la casualidad deja de ser exclusivamente lo que dicen que es. La versión oficial, la ortodoxa, la sensata, es que la mano apoyada en el hombro de Daniel Parreño es la del joven ubicado a su izquierda, Antonio Garabito, Hurón en la extraordinaria obra La ciénaga, del no menos extraordinario Antonio Morales. El efecto es producto de la casualidad. Punto.

Pero no, nunca crean ustedes a pies juntillas la versión de la ortodoxia, y menos hablando de arte y de artistas. La mano apoyada en el hombro de Dani Parreño no es la de Antonio Garabito, sino a todas luces la de Isidoro Albarreal, caracterizado en el cartel anunciador como José María Mármol. O José María Mármol caracterizado de Isidoro Albarreal. Si tienen alguna duda miren la foto con atención. Las cosas son lo que son, no lo que parecen que son, y mucho menos lo que facilonamente considere la ortodoxia que son.

Y aún hay argumentos de mayor peso a mi favor: ¿creen ustedes que Isidoro Albarreal hubiera estado ausente el día del retorno de Almazara Teatro, por muchos estrenos importantes que tuviera ese día en el paraíso? ¿Que la frontera entre la vida y la muerte supuso un obstáculo para él? ¿Que realmente se resistió a la tentación de avalar a los nuevos artistas del grupo? No. Esa mano sobre el hombro de Dani Parreño es la de Isidoro Albarreal, la casualidad es simplemente una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar, y estamos hablando de lo inefable, de lo trascendente, de lo intemporal y perdurable, de algo más juicioso que la casualidad y más fiable que la ortodoxia.

 

Texto de José Antonio Illanes. Fotografía de Juan Luis Mármol.

 

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