«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Nuestras plantas autóctonas y foráneas

Nueva sección de José Pérez Dávila

 

Comienza mi colaboración en Agenda Atalaya con la intención de dar a conocer algunos de los aspectos más curiosos y quizás poco conocidos de los usos, tradiciones, etc. de nuestra flora. No me refiero solo —como sería más estricto— a nuestras plantas autóctonas: árboles como la encina, arbustos como el romero, o hierbas como la mandrágora, sino también a vegetales que, traídos de tierras lejanas, hoy dominan nuestros parques y jardines: árboles como todos los tipos de palmeras o arbustos como la lantana.

 

Antes de presentar la primera de las plantas de la que hablaré, y que iré alternando entre autóctonas y foráneas, me gustaría hacer una reflexión sobre las políticas que desde las distintas administraciones se llevan a cabo con respecto a las plantas. Políticas que yo calificaría de «odio al árbol», ya que se suceden, una tras otra, actuaciones inexplicables que destruyen continuamente espacios naturales o árboles de notable antigüedad. Como ejemplo podemos citar la última Ley de Montes o, más cercano, la cantidad de árboles y arbustos talados en la Alameda y en los jardines de La Carrera —en Morón de la Frontera— con motivo de las últimas obras llevadas a cabo en esas zonas.

 
 

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En nuestra relación con las plantas es habitual que a la mayoría les cueste pensar que los vegetales son seres vivos. Ya Aristóteles los catalogó junto a los minerales como seres inanimados, sin alma ni movimiento. Pero haríamos bien en pensar que son seres a los que debemos nuestra existencia: oxígeno y alimento. Hoy es sabido que todos los animales descendemos de unas primitivas células muy cercanas a las actuales algas.

 

Por todo ello, en próximas colaboraciones trataré de aumentar un poco vuestra simpatía hacia estos imprescindibles y sufridos vecinos nuestros cuyos antepasados seguro que vivian apaciblemente, en la zona que hoy ocupan nuestros pueblos y ciudades, muchos siglos antes de que los primeros pobladores decidieran habitar esta zona.
José Pérez Dávila / Ilustraciones del autor.

 

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