"LO QUE NO SE COMUNICA NO EXISTE"
Gabriel García Márquez

Odio o Tradición

Peccata mundi | José A. Illanes

 
La panzerdivisionen mediática cargó hace poco contra Coripe. Le tocó. Los mismos que antier pedían la cadena perpetua para la asesina de un niño, los que asumían naturalmente la pena de muerte, quienes reclamaban Inquisición y garrote —aún lo hacen para según qué casos—, se llevaban las manos a la cabeza porque en un pintoresco rincón sevillano se quemaba un muñeco de cartón representando a quien ellos querían linchar en carne y hueso. Escandaloso.

Antes habían calentado el horno hasta rozar el fanatismo y la ridiculez: titulares macabros, tertulias grotescas, exabruptos racistas, interminables horas de platós, comercialización del dolor ajeno, entierros electrizantes, oportunismo político, amarillismo detectivesco, clamores de justicia y venganza, lágrimas de famosas en hora punta… horcas, cuchillos, palos, antorchas… Gritos de venganza… La España del telecirco reclamaba un linchamiento. Odio puro inyectado en vena a través del televisor. El olor a podrido de las instituciones era amortiguado por los gritos del populacho.

Pasado el efecto de la dosis, disipado un tanto el hedor, los mismos que calentaron el horno y hubieran linchado a una persona —para algunos ni persona era— ahora criminalizan a un pueblo entero por tirotear a un muñeco. Manipularon antes y manipulan ahora. Completamente desinformados, carentes de ética profesional y hasta de vergüenza, algunos que ejercen la profesión de periodista y cobran muy bien por ello, acusan de racista a Coripe. «Delito de odio», gritan. En Coripe se han quemado a villanos de mucho postín. Por la hoguera de esa plaza han pasado Miguel Carcaño, Urdangarín, Rodrigo Rato… Incluso a Tejero quisieron quemarlo en el 81, semanas después del golpe de Estado —la intentona fue abortada por la autoridad competente—. La quema de Judas es una caricatura, una metáfora, el reflejo del sentimiento popular asociado al castigo de la traición. Es sencillamente una costumbre cuya estética puede compartirse o no, pero nunca criminalizarse. En Coripe cada año se quema a Judas, al recuerdo de una traición, pero a nadie en concreto. Se ha sacado de contexto la quema de Judas. Lo ocurrido en el pueblo no es odio ni nada parecido, ¿cuántas imágenes de personajes públicos se queman en las fallas de Valencia? ¿Odian los valencianos a los cientos de personajes que queman cada año? No. Nuestras fallas también son una tradición como la quema de Judas en Coripe. Rompo una lanza por todos los coripeños. Odio es otra cosa, a diario lo sufrimos y lo vemos en algunos medios de comunicación, extendido por periodistas y tertulianos al servicio del poder, profesionales de la difamación y de la mentira que intentan echarnos a peleas a unos contra otros. Ellos sabrán por qué.

José A. Illanes.

 

PUBLICIDAD
 

 

Déjanos tu comentario