Parra, uva, vid parrucha

Nuestra flora | José Pérez Dávila

Parra, uva, vid parrucha
Pérez Dávila | Nuestra flora

Familia: Vitaceae

Nombre: (Vitis vinífera L.) viene del latín viere, que significa atar, ya que los sarmientos (ramas) se utilizan para amarrar. También por sus zarcillos, que se agarran a los árboles.

En el lenguaje de las flores significa embriaguez; las uvas blancas, alegría, y las negras, templanzas.

Origen: Se supone de Grecia y Asia Menor.

Sus orígenes son la especie Vitis sezannis de hace 60 millones de años, de donde proviene Vitis sylvestris y, posteriormente, Vitis vinífera, que apareció entre Europa del Este y Asia Menor.

Descripción: Arbusto trepador lianoide y sarmentoso con zarcillos opuestos a las hojas, hojas alternas pecioladas y palmatilobuladas con base acorazonada, con cinco lóbulos (a veces con pelos en el envés). Los frutos son bayas ovoides o esféricas con tres semillas. Flor hermafrodita.

Madura al final del verano.

Hoy, mediante selección artificial practicada por la industria del vino, existen más de 5.000 variedades de uva. De ellas, solo 30 se suelen utilizar en la producción de vino, y las demás se emplean en otros usos.

 

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Exigencias: Suele ser atacado principalmente por heladas, granizos y enfermedades producidas por el Mildiu y el Oidio y la filoxera.

Usos: Su uso principal es la fabricación del vino, resultado de la fermentación del zumo de la uva.

En los vinos hay una gran variedad. Una vez destilados se consigue aguardiente o, mediante fermentación acética, vinagres.

Si las uvas de origen son muy dulces, se pueden fermentar hasta que desaparezcan los azúcares totalmente y se obtienen vinos secos o, si se evita la total fermentación, vinos dulces.

Se les puede añadir alcohol procedente de aguardientes y así, parando la fermentación, también se obtienen vinos dulces.

Sobre qué cantidad de vino se debe consumir ha habido opiniones de todo tipo a lo largo de la historia. Así, Thomas de Quincey aseguraba que las personas se volvían más inteligentes tras tomar seis vasos de vino; Baudelaire indicaba que solo cuando se ha bebido el hombre demuestra su verdadera personalidad, de ahí el proverbio que dice «que solo los niños y los borrachos dicen la verdad».

 

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Como negativo podemos indicar que la Organización Mundial de la Salud advierte que el consumo excesivo de vino hace que entre un 3 o 4 % de la población tenga problemas de salud por su causa, provocando cirrosis, epilepsia y cáncer de hígado y esófago.

Hoy se fabrican unos 30.000 millones de botellas al año con un valor de unos 100.000 millones de dólares.

A excepción de los países islámicos, el vino se consume hoy en todo el mundo.

Los viñedos de Europa, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y América del Sur suponen una superficie de 8 millones de hectáreas, con una producción de 70 millones de toneladas de uva.

La uva se toma como postre o con gazpacho u otros platos. También se dejan secar al sol para obtener las pasas. En Albacete cuelgan los racimos en lugares cubiertos, secos y bien ventilados.

Sus semillas tostadas se han usado como sucedáneo del café.

De sus semillas se obtiene el aceite de uva usado en pinturas, como combustible, antiinflamatorio y protector de la piel.

En algunos lugares de España se consumen los tallos tiernos crudos o con agua y sal, llamados tronchos.

 

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El arrope o miel de uva se obtiene evaporando mediante cocimiento la parte de agua que contiene el zumo de uva.

Las hojas de la vid se han usado como condimento y en Grecia existe una receta en la que se prepara arroz envuelto en una hoja de parra.

Ramírez recomienda un depilatorio con lágrimas de vid y aceite de oliva.

Alonso de Herrera nos dice que lavando con vinagre la cabeza se evita la caspa y la caída del cabello. Para eliminar la caspa se ha usado la hoja de vid colocada sobre la cabeza.

En los países orientales se preparan dulces con arrope y harina. En Turquía se hace una compota de pasas conocida como «hecha».

La uva machacada ha sido utilizada como máscara nutritiva y refrescante de la piel.

También se ha usado como tinte negro ligeramente parduzco. Al producto de carbón vegetal de los sarmientos se le llama «negro de Fráncfort».

Como ornamental, la uva fue utilizada ya en los jardines egipcios.

Propiedades medicinales: El aceite de uva refinado se ha utilizado para combatir la obesidad.

La savia «lágrimas de vid» se usa para aliviar problemas oculares y, frotando los cabellos, da fortaleza a los mismos.

Dioscórides recomienda sus hojas en forma de emplasto para aliviar los dolores de cabeza y el ardor de estómago; las lágrimas de vid para combatir la sarna, empeines e incluso eliminar la piedra en los riñones.

 
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Las semillas y hojas son astringentes. El vino, mezclado con mirra, se usó como calmante y anestésico; se la dieron a probar a Jesucristo en el calvario pero él la reusó, (Mateo 27,34 y Marcos 15,23).

El zumo de uva es nutritivo, diurético, refrescante, recomendado contra la fiebre y para los aumentos de acetona de los niños, por su cantidad de glucosa.

Algunos lo recomiendan para problemas cardíacos, renales y de gota. No deben tomarlo los que padecen dispepsia.

La hoja es buena para combatir las hemorroides y la menorragia.

El aceite de semillas es usado en dietética.

Componentes: Bitartatrato potásico y cálcico en la hoja, antocianidinas y leucoantocianidina, flavonoides, ácidos orgánicos (tartárico, málico succínico, protocatéquico).

Las uvas: agua 78%, ácidos libres 0,8%, azúcar 14,5% , glucosa, levulosa, sacarosa, ácido tánico, gálico, málico, cítrico, succínido, salicítico y tartálico, así como colorantes: lecitina, quercitrina, pectina, gomas, leucina C y tirosina.

Las semillas contienen aceites secante.

Historia: Se tienen noticias de que se elabora el vino desde hace al menos 5.500 años en Irán. Aunque no comenzó a comercializarse globalmente hasta la época romana, se cree que en Turquía y Georgia apareció unos 2.000 años antes.

Se considera que la elaboración del vino fue un afortunado accidente, ya que la uva lleva consigo en la piel la levadura natural necesaria para la fermentación del zumo.

 

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En la India cultivaban viñas y elaboraban vino hace 4.000 años, pero siempre en pequeña escala. Algo parecido ocurrió en China.

El Antiguo Testamento nos dice que Adán y Eva se cubrieron con una hoja de parra al ser expulsados de Paraíso.

Los egipcios decían que el vino era las lágrimas del dios Horus.

Los griegos importaban el vino de Creta, que se cultivaba según los métodos de Palestina, donde eran famosas las fiestas cananeas de los Tabernáculos.

Por entonces, en tiempos de vendimia y para asegurar una buena cosecha, se sacrificaba algún extranjero capturado, en honor del espíritu de la vid.

Los griegos contaban que la cepa había nacido del parto de una perra blanca; que era la diosa Luna Hécate; que el primer mortal en recibir la vid fue Éneo y el primero en beber el vino, Ícaro, asesinado por unos pastores a los que había emborrachado.

Los griegos colgaban máscaras de Dionisio en árboles junto a sus viñas para asegurar las buenas cosechas; otros colgaban figuras de la diosa Luna.

Plinio nos cuenta que una cepa duró 600 años.

Según la Biblia, el vino fue descubierto por Noé (Gen. 9, 20-21): «Noé comenzó a labrar la tierra y plantó una viña; bebió el vino y se embriagó». Esta referencia marca la presencia del vino en la tradición judeo-cristiana desde los primeros tiempos.

El vino aparece citado en la Biblia más de 200 veces, lo que muestra su gran importancia en todas las culturas de la zona: Babilonia, Egipto, Sumer, etc. Más tarde, el vino adopta un papel clave en el ritual cristiano. También se indica en muchos pasajes cómo usarlo, prepararlo, etc. Se daba tanta importancia a la plantación de las viñas que libraba de ir con el ejército al combate quien, teniéndolas, aún no hubiera recogido la cosecha.

El emperador Marco Aurelio propuso plantar viñedos en las Galias, España, Alemania y el sur de Gran Bretaña en el año 180. Más tarde fue el cristianismo quien siguió expandiendo su cultivo.

Con la crucifixión de Cristo, los romanos —sin querer— hicieron posible el futuro del vino.

 

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Los romanos obtenían el vino aplastando la uva con los pies muy limpios; así conseguían el primer mosto llamado «mulsum», que una vez mezclado con miel y envejecido se tomaba al comienzo de los banquetes; el resto del mosto se filtraba en unos cestos cónicos de mimbre y se almacenaba en las «dolia», tinajas de barro cocido en el que se escribía el año de la cosecha así como el lugar de origen y, finalmente, se taponaban con yeso o corcho y se colocaban en un lugar de la casa cercano a la chimenea.

En época más moderna se comenzó a utilizar barriles de madera. La aparición de la botella y el tapón de corcho ayudó a la exportación, que se disparó en el siglo XVIII y XIX.

Para darle distintos sabores al vino, los romanos lo mezclaban con cenizas, agua de mar, polvo de mármol e incluso con peligrosos compuestos de plomo que les provocaban enfermedades.

Los antiguos griegos mezclaban el vino con agua al tomarlo antes de los discursos. También lo mezclaban con belladona y otras plantas para las bacanales. La Biblia aconsejaba no usar este tipo de vinos (Prov. 23, 30-35 Eclesiástico 31, 25-31) y explica cómo se ha de consumir en las fiestas en las sinagogas.

Columela recomendaba recoger uva blanca de gruesos granos, en tiempo seco, para hacer pasas y nos dio la receta de cómo prepararla al igual que Ibn-Luyun.

El arábigo-andalusí Huici Miranda nos da la receta de un jarabe compuesto de uva, verdolaga, lechuga, azúcar y agua.

 

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Ibn-Luyun nos indica el procedimiento que empleaban para fabricar vinagre, utilizando raíces de acelga o col más agua caliente y sal, mientras que Alonso de Herrera recomienda ponerlo al sol o en lugares calientes.

El vino, junto a la cerveza, ha salvado muchas vidas en la Edad Media, ya que el agua normalmente estaba contaminada.

En la iglesia católica el vino tiene mucha importancia, ya que se usa en la misa para la consagración. En muchos lugares existe un tipo de vino especial para ello, que es dulce y de gran calidad.

Precisamente el uso del vino en la Eucaristía fue el motivo de que los monjes franciscanos y dominicos lo cultivaran por el norte de Europa y en California.

Los monasterios fueron unos centros muy importantes en la producción y comercialización de vinos. Así, fueron famosos los cistercienses de Borgoña.

Los monjes cultivaban grandes extensiones de viñedos cercados, plantaban las viñas en hileras orientadas hacia el sur y muy cerca unas de otras para protegerlas del frío (incluso encendían hogueras cuando éste era extremo). En esta posición también se protegían del exceso de calor ya que se daban sombra unas a otras.

Francia, Italia y España se convirtieron en los mayores productores de vino e introdujeron el cultivo de la vid y la producción de vino a otros países de ultramar como Chile, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, etc.

En 1860 los viñedos europeos sufrieron un primer ataque del Mildiu Mildiu Plasmopora vitícola y el Oidio Uncinula necátor.

 

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En 1890 los viñedos europeos fueron atacados por la filoxera, insecto llegado de Norteamérica que acabó con casi todos. Hubo que injertar las plantas con vides americanas Vitis riparia que resistían el ataque.

Este problema fue una mala consecuencia de la máquina de vapor aplicada a los barcos, ya que estos barcos redujeron el tiempo de viaje entre América y Europa y esto facilitó que el insecto pudiera sobrevivir al desplazamiento y atacar los viñedos europeos.

En 1911 y como consecuencia del desastre de estos ataques, en la región de Champaña (Francia) se produjeron tumultos y protestas por la importación de uvas de otros lugares. Tuvo que intervenir el ejército y el gobierno declaró la primera denominación de origen con el nombre de Champagne.

Aprovechando la casi desaparición de los viñedos europeos por estas causas, los productores de vino de los demás países pasaron a ser los mayores productores de vino mundial.

Tardó casi un siglo la industria del vino europeo en recuperarse y al final del siglo XX volvieron a ser los máximos productores.

En 1970 se fundó en California «La iglesia de la Viña», donde las personas se reunían en viñedos para estudiar la Biblia; tuvo mucha relación con el movimiento Hippy y participaron personajes muy famosos como el cantante Bob Dylan.

 
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Leyendas y tradiciones: Los griegos tenían el dios del vino, Dionisio, que tenía la misión de propagar el cultivo de la vid por todo el mundo. Dionisio, hijo de Zeus y nacido dos veces, fue el que llevó el vino de Asia Menor a Grecia; sus seguidores, las ménades, creían que tenía aspecto de toro aunque lo representan como un joven. Los romanos lo tomaron con el nombre de Baco. En Egipto era Osiris, y para los sumerios Gestin, la madre cepa.

Ramírez creía que las lágrimas de la vid (gotas de savia) tomadas hacían aborrecer el vino.

Los romanos pintaban las paredes de sus jardines con frescos, representando parras cargadas de racimos para asegurar la fertilidad de sus plantas.

A los viajeros se les saludaba al recibirlos con una copa de vino.

En el Evangelio de Juan se nos cuenta que el primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino durante una boda en Caná.

Localización: Aunque no se encuentran en los parques y jardines de Morón ejemplares de vid, sí me costa que muchos particulares lo cultivan en sus casas e incluso alguna viña se puede ver en los campos cercanos.

Lo curioso es observar cómo aparecen ejemplares aislados en lugares extraños, como las gradas del campo de fútbol de la Alameda y otros lugares parecidos.
 

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