Restaurante Deli, el sabor de la memoria

Peccata mundi. José A. Illanes

Restaurante Deli. El sabor de la memoria
José A. Illanes | Peccata mundi

Aparecer en la Guía Michelin varias veces consecutivas, más que un mérito es un milagro, y cocinar como en el Restaurante Deli de Montellano es una inequívoca cuestión de magia. Cincuenta años lleva la familia al frente de un restaurante con la virtud de transportarnos al pasado a través del paladar, de los aromas, de los colores, de las texturas.

El gran público, en estos tiempos siempre con prisa, come para alimentarse, nada más. Salvo honrosas excepciones, muchos profesionales de la restauración cocinan con urgencia, para sustentar al cliente, para ayudarlo a sobrevivir, como en un trance de socorro o de emergencia. Cocinar con un propósito menos prosaico puede salir poco rentable e incluso ruinoso. Y requiere cierta dosis de arte y amor al oficio. Demasiado complicado. No, nútrase y huya, viajero. Y no regrese.

 
Deli-interior
 

En el restaurante Deli es al contrario. Aquí se come, no se embucha; se saborea, no se ingiere. Los aromas son los de los platos que conforman nuestras leyendas gastronómicas y avivan la memoria de quienes crecieron en estos pagos del sur, al amparo de los olivos y las higueras, entre paredones de piedra y cal, sones campesinos y noches estrelladas.

En casa del Deli cocinan el mejor pollo de campo que usted pueda probar en su vida. ¿Es usted de pueblo? ¿Recuerda el pollo de su abuela? ¿Sí? Pues este está mejor. La abuela del Deli guisaba mejor que la suya y que la de todos los inspectores Michelín que recorren estos pagos, y sus nietos han heredado su magia y sus recetas, por suerte para usted.

 

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Aquí podrá probar las alboronías, plato andaluz y ancestral donde los haya, de origen árabe. Ni el mismísimo Almutamid, rey de Sevilla, almorzó jamás unas alboronías como las que usted comerá en esta casa. No se vaya sin degustar el ajofrito, las espinacas con garbanzos o las gachas, sería un crimen imperdonable. No traiga prisa, recuerde que al Restaurante Deli de Montellano viene usted a comer, no a engullir, a sintonizar con la cultura gastronómica de sus abuelos. Aquí viene usted a paladear, a conocer, a valorar.

Al salir por la puerta comprenderá por qué los inspectores de la Guía Michelín siguen incluyendo al Deli en esa afamada guía en la que todos los restaurantes del mundo quieren figurar.

 
Restaurante Deli
 

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