Se nos ha muerto Antonio Torres

Eduardo J. Pastor | De frente y de perfil

Eduardo J. Pastor y Antonio Torres en Paradas

Me están quemando las teclas en las entrañas. Me está costando un trabajo tremendo enjaretar este escrito por tratarse de quien se trata y por contar lo que tengo que contar. Las letras que tengo ahora delante son puñales que se me clavan en el corazón porque tengo que decir a los cuatro vientos, que mi amigo Antonio Torres se nos ha muerto en su tierra soñada de Mallorca sin dejar que les dijéramos adiós.

Antonio Bascón Torres, que así lo sacaron de pila pero que Morón nos lo devolvió como Antonio Torres, se nos ha muerto sin molestar, sin dejarnos hacer ni un solo kilómetro para ir a verlo, para darle el último abrazo. Se nos ha muerto en silencio, sin el doble de las tres campanas del campanario repicando por su alma flamenca. Se nos ha muerto sin rechistar, comiéndose para los adentros todo el dolor y todas sus duquelas, sin querer que nadie sufriera por él más que su Encarni de su alma. Antonio Torres se nos ha muerto tan lejos de su Plaza, de su Porche y de su calle Cantareros, que me parece a mi que Mallorca está en la luna. O más lejos. Se nos ha muerto el Torres y nos ha dejado sin el adiós y sin aliento. Casi sin palabras. Sin ganas de enfrentarnos a este papel blanco.

Paco del Gastor y Antonio Torres en Paradas

Y es que no tengo ganas de cantarte ningún réquiem porque no me lo creo. No quiero creerme que ya nunca más te veremos tras el mostrador de la Cafetería hablándonos de Morón y de Diego, de Utrera y de Fernanda y Bernarda. No me da la gana de escribirte un gorigori a ti, a tu cara de satisfacción cuando te enfrentabas desde la primera fila del Teatro Central o del Lope de Vega a las cosas de tu amigo Juan Peña. No quiero, Antonio. No quiero que Carrión toque por soleá para acordarnos de tus cosas mientras lloramos tu muerte.

Pocos días antes de que se lo llevara para siempre el zaratán que se lo ha llevado, le dijo a Encarni la letra aquella de los parajillos y yo nos levantamos a un tiempo. Flamenco hasta el final. Se le vino a la cabeza la soleá de Alcalá de la Roezna en la voz de Don Antonio. Mairenero y mairenista hasta el último aliento. Con la de veces, amigo Antonio, que nos hemos acostado al tiempo que los pajarillos se despertaban.

 

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