«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Soy un conejo

Peccata mundi | José A. Illanes

Ahora resulta que soy un conejo. Me entero a los 57 años. Debo agradecer el aporte documental al señor Carrera, diputado de Vox. Creo que no lo he contado en este muro: Mi madre quedó embarazada de mí en 1961. Por razones que ambos se llevaron a la tumba, mi madre se cuadró con mi padre y se negó a casarse después de 12 años de noviazgo. Sus cinco hermanas, también solteras, hicieron piña con ella: “La niña no se casa y punto, y el niño de aquí no sale”. Mi padre debió recurrir a la justicia para ponerme el apellido que hoy llevo.

Tomar una decisión de ese calibre en un pequeño pueblo andaluz en 1961 debió de ser duro. Sobrevivir en la España de Franco con un hijo sin padre, también. Tiempos difíciles para todos. Aun así, este conejo tuvo suerte, fue criado entre todas sus madres, por tandas y por turnos, protegido como un conejo de angora en un modelo familiar completamente antagónico al ortodoxo.

Como conejo de angora tuve una infancia humilde pero feliz. No me faltó cariño, ni consejos, ni disciplina, ni vigilancia, ni ropa ni sustento. Ni caprichos: “¿El niño quiere libros? Vengan libros ahí para el niño”. ¿Qué más podía pedir un conejo de angora -que fue conejo de reyes franceses-, viendo a su alrededor a otros conejillos comunes, desdichados lagomorfos carentes de casi todo, ellos y sus madres, mirados de reojo por señores probos y de moral virtuosa como don Francisco? Nada.

Los niños nacidos en familias monoparentales no tienen por qué ser ovejas, ni murciélagos ni conejos, don Francisco, son solo niños, no crecen torcidos ni se vician de mayores, ni se vuelven moros, ni delincuentes, ni inmigrantes, ni separatistas, ni comunistas ni sueñan con quemar conventos ni con partir España. ¡Algunos hasta crecen en el seno de la Santa Madre Iglesia y se hacen curas y llegan a obispos!

Los niños criados por gais o lesbianas no se pervierten o desvían por eso, don Francisco. Las niñas criadas por hombres no salen forzosamente “machorras”, ni los niños crecidos entre mujeres “maricones”, doy fe de ello. La vida es mucho más natural y sencilla, don Francisco, más colorida y sensual, déjese seducir por ella.

Hágale usted caso a este conejo criado entre mujeres y apártese de los confesionarios foscos que frecuenta, de tenebrismos barrocos, de consignas inquisitoriales y dogmatismos rancios. Sea feliz y tolere al prójimo, especialmente a las mujeres y a los mamíferos lagomorfos como yo. Hágale caso a su Evangelio y ame a los demás como a usted mismo, tengan la procedencia, la condición, el color o la ideología que tengan. Quiera más y odie menos, abra los ojos de par en par y empiece a ver el mundo en color. Disfrute y sea feliz, el fascismo tiene cura.

 

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