Súbdito de una reina canalla

Memorias del destierro | Raúl Cortés

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Fue precisamente en la obra de Umbral Teatro, La que no fue, donde conocí a una de las actrices con más carácter y talento que haya visto en los últimos tiempos: Reina Sánchez. De eso hace aproximadamente dos años, la compañía bogotana formaba parte del Festival Isidoro Albarreal y Reina se destacaba en aquel elenco, integrado completamente por mujeres, que tomó El Castillo de las Artes.

Una actriz inteligente, de presencia valiente y ademanes arrolladores. No se puede negar que tiene hay algo de dureza y frialdad en su aire, pero al mismo tiempo es capaz de cavar en la escena profundas simas de ternura y vulnerabilidad. El hilván fino de sus interpretaciones, repletas de matices, polivalencia y complejidad, testimonian que la pereirana es el recreo donde la vida se regaló amplios vuelos, vivencias que ella convierte en poesía a base sensibilidad y astucia.

 

Reina Sánchez
Reina Sánchez. Fotografía: redteatrocafetero.com

 

Reina Sánchez ha prolongado envidiablemente los aspectos más lúcidos de la juventud: los destellos incontenibles del entusiasmo, el afán aventurero, la ausencia de cansancio, el romanticismo del alma pura. Y ha comprometido esos ímpetus con el fuego reposado de una madurez —personal y artística— inspiradora. Ella es anárquica y canalla. Verdadera en los afectos y frontal en la palabra, no acepta cortes de palacio ni se da a los cortejos.

 

Reina Sánchez y Eduardo Galeano

 

Tras pasar varios años en Barcelona, acumulando vida y trabajos, hoy, de vuelta ya a su natal Colombia, Reina Sánchez combina las giras de Umbral con las de Teatro Temporal y la pieza “¿Fe?”, del dramaturgo quindiano Pedro Miguel Rozo, en la que comparte escenario con Diana Jaramillo.

Y al teatro le suma el cine. No dejen de ver Ella, película dirigida por Libia Stella, saludada tanto por el público como por la crítica y los premios. La cinta está protagonizada por Humberto Arango, sencillamente sublime, y por la propia Reina, que hace de la austeridad y la contención una antología. No se puede reflejar más ausencia en el vidrio de sus ojos, cuando la mirada se le aleja. No cabe tanto abismo en un silencio: si ella muere, lo hace para alumbrar el milagro.

 

Raúl Cortés.

 

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