Unos polvos carísimos

Peccata mundi | José A. Illanes

Vamos a ver, Juancar, colega, ¿cómo se te ocurrió enrollarte con la rubia y dejarte grabar? ¡Y en Beta, ni siquiera en VHS! Hay que estar empanao o ser el colmo de la campechanía. Ahora sabemos —gracias a la prensa de derechas, misterios insondables—, lo que nos costó aquella jodienda

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