«Lo que no se comunica no existe»
Gabriel García Márquez

Una mesita en el Restaurante Benítez

Gastronomía en La Puebla de Cazalla

Por la calle Granada de La Puebla de Cazalla ¡cuántos pasos se habrán dirigido hacia el Restaurante Benítez! ¡Cuántos recuerdos guardarán aquellos azulejos al más puro estilo andaluz que revisten la barra del bar! Detrás, una gran historia, la de los Benítez.

Antonio Benítez, actual propietario de la empresa y protagonista de esta historia nos cuenta, emocionado, cómo fueron los principios. Y ahora me pregunto, ¿qué secretos callarán las mesitas del Restaurante Benítez? ¿Cuántos bailes, cantes y tertulias taurinas habrán presenciado los numerosos cuadros que habitan en las paredes de este lugar? Yo quiero una mesita para probar qué se siente y, de camino, degustar la carne con tomate, especialidad de la casa.

A la entrada del nuevo año Antonio se despedirá de este lugar de encanto. «Ha llegado el momento de dedicarle tiempo a mi familia» y la edad no perdona, nos confiesa. Benítez se jubila, pero antes quiere dejar por escrito sus impresiones sobre lo que ha significado este proyecto, idea de su padre, «que era muy innovador».

Allá por febrero de 1952 Antonio Benítez padre decidió emprender la aventura del hostelero. Junto a su mujer Araceli Tienda, y sus hijos, convirtieron una tienda de comestibles en un bar-restaurante. «Al principio contaban con muy pocos medios», comenta Antonio. «Mi padre venía del campo, no tenía experiencia en este sector, pero era muy innovador». Araceli se encargaba de la comida. Por aquel entonces tenían una cocina económica . Se preparaban los platos en horno de leña y fogones de humo. A veces, incluso tenían que utilizar la vajilla de su casa para los clientes. Antonio padre creó un sistema de refrigeración para que todos «bebieran agua fresca» y una cámaras frigoríficas caseras. Fue en el año 68 cuando el matrimonio pudo llevar a cabo una gran reforma «que hizo mucho ruido». Gente de toda Andalucía quería visitar el restaurante, tanto por los ricos pimientos rellenos y la carne con tomate como por las modernas instalaciones.

Ha llegado el momento de disfrutar con la familia

Antonio y sus hermanos Paco y Elena han trabajado desde muy jóvenes en el negocio familiar. «Mi vida está en el restaurante», afirma Benítez. Su mujer y su cuñada se hicieron cargo de la cocina en los 80, justo cuando los hermanos cogieron las riendas del bar. La empresa siguió creciendo y montaron un pub. Por ahí pasaron artistas, toreros, turistas y, sobre todo, gente del pueblo. Restaurante Benítez es un lugar familiar de clientes fijos, de amigos. Por eso es fundamental para los Benítez mostrar el agradecimiento más sincero a su clientela.

Sin duda estamos ante un lugar de referencia. No en vano ha sido alguna vez ha sido protagonista en medios de comunicación a nivel regional. Antonio nos cuenta que toreros como El Juli, Jesulín de Ubrique o Fran Rivera se han sentado en una mesita, y que hasta la misma Niña de la Puebla se ponía a hacer croché mientras descansaba. Además, este bar fue uno de los pioneros en sintonizar la televisión. «Aquí veíamos las corridas de toros y los chavales se reunían para ver los programas de entretenimiento de la época».

Antonio quiere agradecer además a los actuales empleados, el cocinero José Montesinos y la camarera Sonia, que se hicieron cargo del restaurante mientras el protagonista de esta historia dejaba la faena a un lado para contarnos los secretos que guardan esas mesitas. Y por supuesto a su familia y clientela fiel con la que ha crecido. «Yo nunca he estado con mis hijos, no quería que llegara la hora de la jubilación, pero es el momento de disfrutar con la familia».

Rosario Maldonado.

 


 

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