Yo, Lázaro de Tormes

Los micromonólogos de la boquita prestada | Antonio M. Morales

«Yo, Lázaro de Tormes»
Antonio M. Morales| Boquitas prestadas

 
Yo, Lázaro de Tormes, desde la sabiduría que dan el tiempo, la memoria y el hambre, flipo mazo cuando me entero de que hay trece millones de españoles en riesgo de pobreza y exclusión social. Cuánto partido sacarán de este dato en tiempos de Pascua aquellos que provocan el hambre ejerciendo la caridad inmisericorde, esa que necesita el flash para quedar inmortalizada sobre el papel cuché.

Pues sepa Vuestra Merced, político que lo consiente, que no dudo en acusarle de medrar sin pensar en el pan de su vecino, de colmar la talega propia con la sal del menesteroso paisano que no tiene un torrezno que llevarse a la boca. Quizás piense que tengo la lengua demasiado afilada. Pero lo que usted desconoce es que el apetito me ha hecho sagaz y aprovechóme mi experiencia, lacerado de mí, para saber que la ocasión hace al ladrón, y que es fácil acudir a la caridad cuando uno ya se ha comido sin cuidado las pringadas propias y las ajenas, desatentadamente.

 
Casa-Paca en Morón
 

Por eso, en estos tiempos de Adviento, me gustaría pedir —no solo al político lánguido sino también al ciudadano ejemplar— más justicia que caridad. En tanto que el enojo me acompaña al ver cómo las luengas longanizas abundan en algunos hogares de la Villa, mientras que en otros las inmundas lombrices anidan en los estómagos vacíos, recuerdo emocionado cómo la gente que a mí me liberó de la canina jamás escribió su nombre con letras brillantes en ningún escaparate para ser beatificada, sino que más bien me encontré con los mendrugos de pan en mi zurrón sin saber qué mano santa allí los había depositado.

Por favor, no se hagan fotos con los niños pobres.

Por caridad, practiquen la justicia.

Solo así podrán evitar que los Lázaros del mundo sigan siendo trece millones de condenados.

Si hay una fila de muertos de hambre, debiéramos todos tomar ejemplo del autor que me dio la vida sin jactarse de ello, y ser anónimos para entregar lo mejor de nosotros mismos.

Porque de los anónimos será el reino de los cielos.

Y feliz navidad.

 
Antonio M. Morales.

 

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